Todos.—Sí, sí.

Melquiades (A Nieves y Serafín.)—Pues podéis beberos el premio sorbito a sorbito, pollos. (Dándole la copa a Nieves.) Cuando quieras, nena.

Nieves.—Con mucho gusto. (Coge el vaso.) A la salú de mi pareja.

Todos.—¡Olé! (Vuelve Higinio por el foro izquierda lentamente y se acerca al grupo poco a poco.)

Serafín.—¡Gracias, Nieves!

Nieves (Va a beber y se detiene con coquetería.)—¡Ay, pero se va usté a enterar de mis secretos!

Serafín.—Pué que me convenga.

Nieves.—A mí no; pero en fin, lo dicho. (Bebe la mitad del vino y deja la copa en la banqueta.)

Serafín (Sin coger el vaso.)—Señores: antes de posar mis labios donde los ha imprimido esa boca que parece talmente un clavel encarnao que se le ha caído del pelo, tengo que manifestar que me embarga el júbilo, que me embarga la emoción y que me embarga... (Va a coger la copa, pero se interpone Higinio, que enérgicamente la coge.)

Higinio.—Pues no se moleste usté, yo me lo beberé, que no tengo na embargao. (Bebe y tira el vaso contra el suelo.)