Isidra.—¿Yo?... ¡Como si te quiere regalar la quinta del Atanor!...
Baltasara.—Chica, yo no quería admitirlos; pero como me han dicho que habíais roto...
Ignacia.—¡Claro, has recogío tú los tiestos!
Baltasara.—¡No, y luego, créame usté, que lo sentí... porque tuve que oir lo que quiso hablar!... ¡y anda diciendo unas cosas de ti, que chica!...
Isidra.—¿De mí? ¿Qué dice de mí? (Con energía.)
Ignacia.—¿Qué es lo que tié que decir de mi hija?...
Baltasara.—¡Pero no se sofoquen ustés, caramba! ¡Si yo lo sé! ¡Vaya, hasta otro rato! (Entra y cierra el balcón.)
Eulogio.—¡Adiós, cinematógrafo!
Ignacia.—¿Pero está usté oyendo? ¡Le digo a usté, señó Eulogio, que debía venir la viruela!...
Eulogio.—Pero, ¿qué adelantábamos, si esa está revacuná?