Benita.—Luego, sí.
Melquiades.—¿Dónde te espero?
Benita.—Aquí mismo, a la hora de irnos. Adiós. (Medio mutis.)
Melquiades (Llamándola.)—¡Benita! ¿Me quieres?
Benita (Con rubor.)—Cuando yo me vaya, venga usté a leer lo que dejo escrito aquí en la tierra. (Escribe en el suelo con la punta de la sombrilla.) Ya está. Dispense la urtugrafía. Adiós. (Mutis fondo derecha.)
Melquiades.—¡Adiós, vida! Yo le he preguntao que si me quería. ¿Qué habrá puesto? (Va y lo lee.) “Un porción.” (Riendo.) ¡Camará con la niña! No, pues se pué pasar el rato con la tontita esa mejor de lo que yo me figuraba. ¡Y por lo visto, me venía camelando hace tiempo! ¡¡Y habrá tantas así!! ¡Que uno no puede estar en todo! (Vase contoneando por la primera izquierda.)
ESCENA IX
Por el foro izquierda aparecen del brazo, Serafín y la Trini, muy amartelados. Hablan bajito; ella ríe locamente. Atraviesan la escena, haciendo mutis por la derecha. Les sigue Nieves, recatándose entre los árboles, nerviosa, jadeante. Falta luz. El cielo empieza a nublarse. Después Rafael y Damiana. Al final, todos los invitados de ambos sexos (Coro general).
Nieves (Celosa y a punto de llorar.)—¡La Trini!... ¡La Trini con él... y haciéndole cara! (Se escuchan, ya lejanas, las risas locas de Trini.) ¡Cómo ríe!... ¡Ella!... ¡A la que me he confiao... después que le he abierto mi corazón!... ¡Infame! Si debí figurármelo. Y se van lejos... y solos... y una aquí, atá por el qué dirán, sin poder desahogar la rabia. ¡Maldita sea! (Se apoya, llorosa, en el tronco del árbol de la derecha, primer término.)
Una voz (De hombre, dentro izquierda.)—¡Virutas, diles a esos que vayan al merendero por paraguas, que se ha nublao del todo y va a caer un chaparrón!