Benita.—Muy sencillo. ¿Tú no te acuerdas del señor Melquiades? ¿Aquel tío que me hizo el amor pa tomarme el pelo?
Higinio.—Sí.
Avelino.—Pues lo ha enagenao.
Higinio.—¿Qué?
Benita.—Que con mis tontunas le he vuelto mochales y ahí lo tengo, al principio de la Ronda, aguardándome sentao en un banco, con dos sacas de ropa que me ha subido del río.
Avelino.—Don Juan Tenorio de mozo de chapa.
Higinio.—Pero, ¿es posible?
Benita.—Pues ese tío bocón es el que me ha contao en secreto que Serafín hace catorce años que está liao con una verdulera que le mantiene el pico.
Avelino.—De manera que tóo el lujo de ese pollo, lechugas.
Benita.—Tiene cinco hijos con ella; y a esa mujer, que la llaman Paca “La Fiera”, por el mal genio, se lo he ido a contar tóo; la he suplicao que me ayude a salvar a mi hermana y me ha dicho que a las nueve estaría aquí con los cinco vástagos, medio litro de vitriolo y un vergajo.