Avelino.—Efusión de sangre, no, joven.

Higinio.—Si al que quiero matar es a él; a él, que sé que no la quiere más que para perderla. ¡Suéltame!

Benita.—Que te he dicho que no.

Avelino.—Hágala usté caso, hombre.

Benita.—¡Ten calma y óyeme lo que te digo, ¡caray!, que la volvéis a una más tonta de lo que es! Si esta noche no aparto a ese hombre del camino de mi hermana, mañana te lo desayunas si quieres. (Soltándole.)

Higinio (Abrumado.)—¡Se pierde esa loca! ¡Se pierde sin remedio! ¡Se van juntos!... ¡juntos! ¡Dios sabe dónde!

Benita.—Y nosotros también lo sabemos, tonto; si no, ¿crees tú que los hubiera dejao yo irse?

Avelino.—Van al baile de Provisiones; un baile titulao El Vaivén, de ahí orilla a la fábrica de Tabacos. Precisamente a la casa de al lao voy yo a llevar este pedido.

Benita.—Pues allí, en ese bailecito, es donde una servidora lo va a arreglar tóo esta noche.

Higinio.—Pero ¿cómo vas a evitar que tu hermana...?