Benita.—Amos, calla, tirano; después de que dice tóo el mundo que he adelgazao desde que te hablo.
Melquiades.—¿Qué has adelgazao? Pues que te lleven al café y verán.
Benita.—Si tú me quisiás a mí la metá na más de lo que yo... Pero, ¡claro!, acostumbrao a tantas quiero tantas tengo... (Coge la saca de la derecha y viene por el mismo lado a entregársela a Melquiades para que la coja.) Anda; coge la saca, cariño.
Melquiades.—¡Yo! Pero no querrás que yo...
Benita.—Anda, mala sangre; coge.
Melquiades (Resistiéndose.)—Mujer, por Dios, ¡que si me viese alguien!...
Benita.—Amos, ladrón; carga. Si es de aquí a casa; media horita na más.
Melquiades (Cogiendo la saca con el brazo derecho.)—Bueno. Que a uno le gusta condescender, que si no...
Benita (Cogiendo la otra saca y pasando al lado izquierdo.)—Dí que una no fuera tonta, pero sabes que me tiés loquita y por eso abusas. (Al volver hacia la izquierda Melquiades, se encuentra con que le presenta la otra saca.) Toma la otra.
Melquiades.—Pero oye; ¿yo con las dos?