Avelino.—¿Vosotras? (Guarda la pistola y va a la puerta.) Adelante.

Benita.—Pase usté, señá Paca.

Paca (Entrando.)—¿Es aquí?

Avelino.—Aquí es. (Benita va a mirar por entre las cortinas de la puerta del salón.)

Paca (En la misma puerta.)—¡Lástima de edificio! Dentro de un minuto no queda de tóo esto ni el solar.

Avelino.—¿Y los niños?

Paca.—Ahí los traigo. (Va a la puerta con ellos.) Pasar, pichones. (Entran los cinco hasta el proscenio.)

Avelino.—¡Rediez, qué orfelinato!

Paca.—Aquí los tié usté: ¡cinco pedazos de mi alma!... ¡cinco pedazos! ¿No es esto pa poner el grito en el cielo?

Avelino.—Pa poner el grito en el cielo y una escuela municipal. Sentarse, pedacitos. (Los Chicos se sientan en un velador del fondo, colocándolos Avelino.)