Valentina.—¿Quién, la Encarna? Y yo a ella. Si eso es un ángel. Tan buena como su padre.

Sinfo.—Y oye, a propósito, ¿ande iría el señor Hilario esta mañana a las siete, que le vi tan majo Cuesta e San Vicente arriba?

Valentina.—Qué sé yo, mujer. Y no creas, que la salidita esa me tié intrigá.

Sinfo.—¿Por qué?

Valentina.—Pues que no ha habío forma de que me dijese ande se marchaba.

ESCENA VI

Dichos, señor Hilario, Aquilino (Guardia municipal), Cosme, señor Cecilio y cinco Murguistas

Hilario (Se asoma con cuidado por la puerta y da dos golpecitos en el suelo con el bastón.)—Valentina.

Valentina.—¡Ay, hijo, qué susto! (Retroceden hacia la derecha.)

Sinfo.—Miá si antes le nombramos.