Valentina.—¡Qué preciosidad!
Sinfo.—¡Jesús, qué hermosura!
Hilario.—¿Te gustan?
Valentina.—Un encanto. ¡Y no me habías dicho na, so arrastrao!
Hilario.—Quería sosprenderos. Y ahora comprenderás también que lo de la murga tiene por ojeto amenizar el azto de la entrega de estas prendas a los agraciaos; azto que quiero que se verifique con la solemnidaz de rública.
Valentina.—Te he cogío la idea. Entrega, bailoteo, un arroz, mucha gente, cohetes, música, ecétera, ecétera.
Aquilino.—El ecétera de González Byas y en grandes proporciones, si pué ser.
Hilario.—Me has calcao el pograma, reina. (La abraza.)
Valentina.—Descuida. Voy a convidar a media vecindaz.
Sinfo.—Verá usté qué festival organizamos.