Hilario.—¡Hola! ¿Te has decidío al fin?

Bernabé.—Sí, la verdá. Quiero picar yo el primer toro que mate mi hijo en los Madriles.

Cosme.—¡Ole por los buenos picadores!

Bernabé.—Aunque estoy arrinconao, ya verán apretar en lo alto.

Aquilino.—Y qué, ¿hay esperanzas de quedar bien, pollo?

Paco (Riendo con cierto desdén.)—Padre, aquí el urbano pregunta que si hay esperanzas.

Bernabé (Riendo.)—Ja, ja... Esperanzas y realidades y moños por el suelo y coletas mutiladas... El día que este espanto taurino despliegue el capote en el ruedo de Madrid, con las plumas de los Gallos se hace una almohada.

Paco.—Y con la asaúra de Belmonte un endreón.

Bernabé.—Doy fe.

Paco.—Y estará feo que yo lo diga.