Bernabé (Señalando a Hilario.)—Regalo de éste.
Cosme.—Y te cae de primera. ¡Vaya un sastre!
Paco.—Sastre y que tengo un cuerpo que no debía decirlo; pero a mí, por no sentarme mal, ni los calamares en tinta.
Bernabé.—Hemos elegido el tono chocolate. No sé si te gustará.
Hilario.—Es muy señorito.
Paco.—Señorito, y que como usté dijo que fuese un traje pa por las mañanas, pues yo dije: pues pa por las mañanas, chocolate... Es sufrido y alegre. (Da unos pasos.)
Bernabé.—¡Ahí mi niño! ¡Qué suerte tién las mujeres! ¡Maldita sea!
Cosme.—Cómo se nos cae la baba, amigo.
Bernabé.—Si no tengo otra cosa en el mundo. Es mi ceguera, mi chifladura, mi esperanza... mi tóo... ¡Y es que lo vale! No es porque sea mi hijo.
Paco.—Bueno, y sabrán ustés que al remate el domingo se ciñe la mona aquí el tumbonazo este. (Dando un golpe cariñoso a su padre.)