Sole.—Un día que están tóos tan contentos...
Josefa.—¿Y qué tenemos nosotras que ver con la alegría de nadie? A trabajar. (Siguen lavando. Hilario, Aquilino y Cosme, al quedarse solos se sientan alrededor de la mesa y se sirven unas copas de vino; beben y fuman puros que les da Hilario. Se oye fuera la murga y jaleo de baile bastante lejano para que no interrumpa el diálogo.)
Aquilino.—¡Qué feliz eres, Hilario!
Hilario.—No lo sabes bien, Aquilino. Tu pecho municipal y cariñoso no pué abarcar esta felicidad que me embriaga. Porque veo a mi hija dichosa; a la mujer que quiero, feliz; a mis amigos, contentos: oigo esa música; ese barullo, que es como el ruido de esta alegría interior que me corre por dentro y reflexiono y me digo: este bien que gozo es el fruto de mi vida, de mis afanes; tóo ganao con lágrimas y con horas de trabajo. ¡Qué mayor dicha pa un hombre de bien! ¡Bendito sea Dios que me la concede!
Aquilino.—Porque te la mereces.
Cosme.—¡A tu salú!
Aquilino.—¡Vaya!
Hilario.—¡A la vuestra! (Chocan las copas y beben.)
ESCENA X
Dichos y Dimas (cartero) foro izquierda