Dimas.—Que tié usté carta. (Busca en el paquete.)

Hilario.—Hombre, ¿quién se acordará de mí? Toma la perra. (Se levanta para dársela.)

Dimas.—No paga, es del interior (Se la da.) Vaya, hasta otra, señores. (Vase foro.)

Hilario.—Anda con Dios, hombre. ¿Quién me escribirá a mí del casco y a esta casa? Oye, y es letra de máquina.

Aquilino.—Algún amigo.

Hilario.—Yo amigos con máquina... no m’acuerdo. Veamos. (Se sienta, rompe el sobre y empieza a leer. A poco palidece, se demuda, tiembla, se levanta, se sienta, se pasa la mano por la cara con angustia.)

Aquilino (Alarmado.)—¿Qué te pasa?

Cosme.—Oye, ¿pero qué tienes? (Hilario se pone en pie.)

Hilario.—Dame un... dame un poco de agua, haz el favor.

Aquilino.—¡Pero te has quedao blanco! (Hilario vuelve a leer.)