Valentina.—¿Pero qué ha sucedío?... ¡No estén ustés como dos pasmaos y hablen por lo que sea!...

Aquilino.—Señora...

Valentina.—¿Qué tienes, Hilario?... ¿qué tienes?... No me atormentes.

Bernabé.—Desembucha ya, hombre, que nos tiés con el alma...

Hilario.—He dicho que no me pasa nada, sino que tóo tié su fin y esta juerga es hora ya que se acabe.

Valentina.—Está bien; pero cuando tóo el mundo, y tú el primero, estábamos tan contentos, ¿qué motivos tienes pa que así de repente...?

Hilario.—Es mi voluntá. Llama a tóo el mundo y que se vayan.

Valentina.—¿Pero es que yo no tengo derecho a saber...?

Hilario.—¡Tienes derecho! Pero una meaja de calma que ya hablaremos tú y yo lo que sea menester hablar.

Valentina.—Está bien.