Bernabé.—Pero si no torea, ¿cómo queda, Tobías?

Tobías.—Entero; pero como toree te lo traes en un pañuelo de hierbas, que tú no has visto el ganao.

Bernabé.—¡Calla, por Dios!... ¡Ladrones!... ¡Infames! ¿Qué hago, qué hago, Tobías, qué hago?... Si torea, tal como está Paco, un bueyacón de esos me lo pué mandar al hospital. Ya lo sé; pero si pone una excusa y no torea, pos se ve el miedo... y vienen el descrédito, la burla y la miseria... ¿Qué hago, Tobías? ¿Qué hago?

Tobías.—¡Qué sé yo, Bernabé, si tampoco sé qué decirte!... Ahora, que esta infamia que os hacen no la aguanta mi cuerpo, y yo te garantizo que esta tarde va a haber una de cabezas vendás en la plaza e toros que va a parecer que la corrida se está dando en Aragón. (A la estaca.) Hoy ejerces. (Se oye ruido de cascabeles. Sale por la segunda derecha el tío Pelele y va a abrir.)

Bernabé.—Calla, que ha parao un coche. (Se asoma al balcón.) Es la cuadrilla.

Tobías.—Buenos vendrán los pobres chicos si han visto el ganado. (Llaman.)

Pelele (Abriendo.)—Yo me voy a decírselo tóo a la señá Valentina. (Entran los toreros y sale él, dejando la puerta abierta.)

ESCENA IV

Dichos. El Zipilín, el Vigudí y el Telaraña, con trajes de luces, capotes de paseo. Todo muy pobre y viejo. Entran con cara de pánico, temblorosos.

Los tres.—Buenas tardes.