Paco.—Es verdá, es verdá, padre... Tié usté razón. ¡Pos no!... ¡Maldita sea! ¡No se ríen! (Da tres vueltas en la faja y se detiene de pronto.) ¿Y vosotros habéis visto el ganao?

Zipilín.—Lo hemos visto.

Paco.—¿Y qué?

Zipilín.—Que ajustamos el árnica en mil pesetas y pierde el farmacéutico.

Paco.—¿Que pierde?... (Desliándose de la faja.) ¡Ay, padre, que dice que pierde!...

Bernabé.—No te apures, que allí estaré yo, apretando en lo alto; echando el corazón pa quitarles poder a esos bueyes ladrones...

Tobías.—Piensa en tu pundonor, en el pan de este viejo.

Paco.—Sí, señor, sí; es verdá. (Da dos vueltas.) Sea lo que Dios quiera.

Zipilín.—Lo malo es el primero que te echan. Un jabonero sucio.

Paco.—¿Sucio? (Se detiene.)