Valentina.—Yo aquí a daros ánimos, y luego a la corrida a aplaudiros. Sé lo que os han hecho. Me lo ha venío a decir el tío Pelele.
Bernabé.—¿Sabes la infamia?
Valentina.—Lo sé todo.
Paco (Casi llorando.)—¡Me echan Labullas señá Valentina, Labullas a mí!...
Valentina.—No le hace. Que te echen lo que quieran. Tú eres un hombre y quedarás como un hombre.
Bernabé.—¡Pero Valentina, qué has hecho!... ¿No tiés miedo de lo que digan si saben que has venío a esta casa?
Valentina.—Déjalo... Si cuando hablan mal no dicen la verdá, que digan lo que quieran. ¿Pos qué, os iba yo a dejar solos, acoquinaos en una tarde como la de hoy, víctimas de una venganza asquerosa?... ¡En jamás! ¿No nos ha unío la infamia? Pos siquiera que nos sirva esta unión pa darnos alientos unos a otros y pelear juntos contra ella. ¡Conque arriba el ánimo!...
Bernabé.—¡Valentina!
Valentina.—¿Pero qué pasa aquí?... ¿A qué vienen esas caras de pánico?...
Paco.—Es que creo, señá Valentina, que los toros...