Valentina.—No hagas caso... ¿Que salen toros que pegan? Ese es el oficio. ¡Más grande el triunfo! Levanta el corazón pa que no te den en él y fe en Dios y en las agallas de cáa uno. ¿No se juega esta tarde tu porvenir?... Pos a jugarlo.

Zipilín.—Señora, usté no ha visto cuernos como los que...

Valentina.—Yo he visto cuernos de todas clases, pollo. Hombres es lo que quiero ver ahora.

Vigudí.—¿Pero no los querrá usté ver por el aire?...

Valentina.—Por donde sea menester... ¡Pero a qué viene ese canguelo!... ¡Pero esto es cuadrilla u un pin, pan, pún!... Ánimo los valientes, que paecéis ahí cuatro gelatinas... Y tú, Bernabé, dales el ejemplo, levanta esa cara, vengan los arrestos de otros días, y tú que lo sabes diles cómo se pelea y cómo se ganan las palmas... ¡Mirarme a mí, me he quedao sola, calumniá, en metá e la calle; pos como no lo merezco lo desprecio y aquí me tenéis, tan conforme y tan compuesta, de cara a la vida, y alante siempre! ¡Conque si os faltan agallas, decírmelo, porque yo, una pobre mujer, soy capaz de irme a la plaza y matarme los seis toros! (Todos han cobrado ánimos y sus caras tristes van tomando expresión de valor y confianza.)

Vigudí (Con entusiasmo.)—¡Señora, es usté mejor que tila!

Tobías.—¡Tié razón!

Bernabé.—¡Valentina, eres como un rayo de sol que tóo lo llena de alegría y de ánimo!

Paco.—¡Sí, señora, ya soy otro!... ¡Que me echen Labullas!... ¡El tifus va a ser una ligera indisposición compará conmigo! (Se pone chaleco y chaquetilla.)

Bernabé.—Rita, Pelele... Las chaquetillas, mi sombrero...