para torear.
Catorce estocadas
le atizó al primero,
y al segundo toro
veinte mal contás.
Al tercero, ahora,
lo estaba pinchando,
y al treinta pinchazo
le dijo una voz:
“Oiga, cocinero,
para torear.
Catorce estocadas
le atizó al primero,
y al segundo toro
veinte mal contás.
Al tercero, ahora,
lo estaba pinchando,
y al treinta pinchazo
le dijo una voz:
“Oiga, cocinero,