Encarna.—Mi corazón.
Hilario.—Pero ¿qué te han dao esa gente?
Encarna.—Alegría, cariño, ilusión pa vivir. Eso me han dao.
Hilario.—Amos a casa. (Cogiéndola de un brazo.)
Encarna.—¡Sin ellos, en jamás! (Soltándose.)
Hilario.—Pero, ¿es que los prefieres a tu padre?
Encarna.—No, señor; los prefiero a tóos juntos, como estábamos antes que la envidia nos hubiese envenenao la felicidad. ¡La envidia negra, la envidia triste!
Hilario.—¡No ha sío la envidia, ha sío la verdá!
Bernabé y Valentina (A un tiempo y con igual energía.)—Ha sío la envidia.
Hilario.—¡La verdá!