Venancio.—Misté, déjeme usté en paz, señor Epifanio, que yo no me he metío con usté para nada.
Epifanio.—¿Que no se ha metío usté conmigo? ¡So tórtola! ¿Y se dirige usté a la Isidra sabiendo que es cosa mía?
Venancio.—¡Yo no sabía eso!
Epifanio.—¡Pues sépalo usté! Esa joven está prohibida... (Aparecen en las puertas respectivas Eulogio e Isidra, y quedan ocultos oyendo el resto de la escena.)
Venancio.—Eso lo veremos.
Epifanio.—¡Ya está visto! Por lo tanto se lleva usté ese tiesto a su casa y se lo regala usté a la portera.
Venancio.—¡Usted me dispense, pero este tiesto es pa la Isidra! (Con energía.)
Epifanio.—¡Quiá!
Venancio.—¡Es para ella!
Epifanio.—¿Para ella? ¡Tire usté eso! ¡So primo! (Se lo tira de dos manotazos.)