Venancio.—No importa.

Epifanio.—¿Y dónde va usted con tanto reventón?

Venancio.—Donde me parece.

Epifanio.—¡Chist! (Le detiene poniéndole la contera del bastón en la cara.) Caramba, joven, ¿sabe usté que me han engañao?

Venancio.—¡No sé nada!

Epifanio.—Pues me han engañao, porque me habían dicho que era usté un cachorro de lanas, y veo que no, que usté es ratonero.

Venancio.—Yo... soy un hombre que no quié meterse con nadie... eso es lo que soy.

Epifanio.—¡Un hombre! ¿Y a usted le hacen mucha falta las muelas, joven?

Venancio.—¡Regular!

Epifanio.—¿Y qué haría usté si yo le extrajera unas varias? ¿Llorar? (Con guasa.)