Eulogio (Que los ha estado mirando, mientras hace el engrudo.)—¡Eh!... ¡Chist, chist, chist!...
Cirila.—¿Qué hay?
Eulogio.—Na... que... ¿si queréis que me vaya a hacer el engrudo ahí dentro?
Cirila.—¿Es envidia u caridaz?
Eulogio.—¡Es... bacalao de Escocia!... ¡Miá tú esta!
Secundino (A Cirila.)—Conque, ¿vienes u qué?
Cirila.—Güeno; tú, a las tres, u tres y media, vas al puente de Toledo, y, según se entra, a la derecha, te arrimas a la primera bola que haiga, y me aguardas.
Secundino.—A las tres y media, me tiés arrimao a la bola... ¡Prenda! ¡Serrana! ¡Me tiés más loco, que!...
Cirila.—¡Anda, anda, zaragata! (Le empuja y vase hacia la casa primera derecha. Secundino coge el cesto y una zafra pequeña de aceite, que tiene en el suelo, a su lado, y se dirige hacia la tienda.)
Eulogio (Al pasar Cirila delante de él.)—¡Ay, Cirila, Cirila, Cirila!... ¡Qué mal te veo! (Lo dice como cantando.)