Cirila.—¿Sí?... ¡Caramba!... ¡Pues míreme usté con lentes! ¡El demonio del tío visión!... (Entra en la casa.)
Eulogio (Silba y machaca, y de pronto se agacha como para mirar las piernas a Cirila que sube.)—¡Negras!... (Sigue silbando y trabajando.)
ESCENA II
Eulogio y Secundino
Secundino (Que habrá quedado a la puerta de la tienda observando se acerca al señor Eulogio.)—¿Qué?... ¿Qué miraba usted?...
Eulogio.—¡Yo!... ¡Nada!... ¿Conque... entre tres u tres y media?... ¡No estás mal tunarra!
Secundino.—¡Es que como hoy es San Isidro y la tengo ofrecido un pito, la voy a llevar a la Pradera! Na, que le ha pasao lo que todas... me ven y se alelan.
Eulogio.—¿Y cuántas novias tiés ahora?
Secundino.—¡Pocas!... Tengo la Consuelo y la Socorro, fijas; la Justa de suplenta, y ésta de meritoria.
Eulogio.—¡Anda, diez; qué Secundino éste! Pus ten cuidiao con la Cirila, porque ésta tié mucho coquetismo con el sexo feo, y no lo digo por ti, y si se entera el asistente del siete, te va a llenar los bolsillos de golpes.