Secundino.—Pero, ¿dónde se va a poner el asistente conmigo?...

Eulogio.—¡La verdad es que tú tiés suerte! (Se levanta.) ¿Y cómo te diriges a ellas?... ¿Oral u por escrito?

Secundino.—¡Pues misté! en lo primero que conocen que las amo, es en el peso, porque se lo empiezo a correr; y cuando las tengo atortolás las dirijo una carta con letra gótica, con unos perfiles, que me salen unas mayúsculas, que le digo a usté que hacen cosquillas.

Eulogio.—¡Lo creo!

Secundino.—El otro día le escribí a la Justa, y pa ponerla inolvidable la hice una hache super...

Eulogio.—¿Y dónde le pusiste la hache?

Secundino.—¡Detrás del ino!... Y al final la decía: “No te olvido, ni te olvidaré, y una acción como esa, no esperes que yo la cometa...” ¡Tenía usté que haber visto el rabo que puse en la cometa!

Eulogio.—¿Pa que no voltease?...

Secundino.—¡Quiá, hombre; pa acabar la carilla!... ¡Un rabo gótico! ¡Y es que aquí, señor Eulogio, hay vista y entrevista, u sea estinto y celebro!

Eulogio.—¡Celebro! ¡Celebro verte güeno, anda! (Dándole un cogotazo.) ¡Déjame trabajar!... ¡Y ya lo sabes!... ¡Ojo con el asistentito ese!...