Venancio.—Señor Matías, usté dispense, pero...

Matías.—Y usté, ¿se pué saber a qué tenemos el honor de que haiga usté venío a sobrar?... (Muy enfadado.)

Eulogio.—Oiga usté, pero ¿es que esto es un baile de señoras solas?...

Matías.—¡Aquí lo que sobran son hombres!

Eulogio.—¡Hombres de... mote! (Mirándolos a todos.)

Venancio.—Bueno, a lo mío. Siento sobrar: pero yo le he dao a una mujer palabra de bailar con ella, y vengo a cumplirla... Y esa mujer me espera...

Matías.—Esa mujer no quiere bailar.

Venancio.—Vamos a verlo. (Va hacia ella.) Isidra, ¿me hace usté el favor de bailar conmigo?

Isidra.—Sí, señor. Gracias, Venancio. (Se levanta y se cogen del brazo.)

Venancio.—Ya lo ve usté. Que hagan el osequio de seguir tocando.