Eulogio (Alargándole hasta la cara uno de esos juguetes que se estiran y se recogen a voluntad, y a cuyo extremo va una cabeza de cartón figurando ser la de un gato, que abre la boca al estirarse el juguete.)—¡Miau!
Epifanio.—¡Estese usté quieto!... ¡Un hombre!
Rosca.—¡Hay comprobantes!
Venancio.—¡No le hagan ustés caso, que es mentira! ¡Usté no es un hombre!... Usté... ¡usté es un granuja!
Epifanio.—¿Yo? (Queriendo abalanzarse a él.)
Eulogio.—¡Miau!... (Repite el juego de antes.)
Rosca.—¡Calma, hombre, que la ofensa no es tan grande! (Conteniéndole.)
Venancio.—Usté es un granuja y un borracho que ha vivido hasta hoy asustando a varios tontos que tienen más cariño a la piel que a la vergüenza, y explotando a las mujeres para llenar el buche gratuitamente, que es lo que buscaba usté con esta familia; y eso... lo vengo yo a impedir, ¡so vago!
Epifanio.—Eso... ¡Maldita siá! (Queriendo acometerle.)
Eulogio (Repite el juego.)—¡Miau!