Rosca.—¡La cosa no es pa alterarse aún!
Venancio.—¡Y a esta joven la atosiga usté, porque ve usté que se le va el momio, y porque ella no ha tenío un hombre que la defendiera!...
Matías.—¡Oye, tú, que está aquí su padre!...
Venancio.—¡Muy señor mío! ¡Pero las cosas han cambiao!
Eulogio.—¡Todo cambea! (Con filosofía.)
Venancio.—Yo, esta mañana era un párvulo; pero dende mi casa aquí he dao el gran estirón.
Eulogio.—¡He presenciao el desarrollo!
Venancio.—Y digo que esta mujer...
Epifanio.—¡Esa mujer es mía... para que usté se entere!
Isidra.—¡Suya! ¿Tuya?... (Adelantando.)