Fig. 157.—Tallas en madera de los Kwahiult (N. O. de N. América).
Fundados otros en observaciones inexactas, ó dejándose arrastrar por sus filosóficos prejuicios, han sostenido la existencia de tribus sin religión de ninguna especie. Nada más lejos de la verdad histórica. La religiosidad es parte de nuestro ser psíquico, y por consiguiente, no se ha encontrado aún, ni podrá encontrarse pueblo alguno en el mundo desprovisto de religiosas ideas. La universalidad, la permanencia y la identidad fundamental del fenómeno religioso son hoy indiscutibles axiomas etnológicos. El ateísmo llamado regional ó endémico no existe, ni ha existido nunca. Hasta aquéllos Charruas que "parecían semi-capros ó faunos", ó aquéllos Guayaquies que se cazaban como fieras, con palo y soga, creían como todo ser humano en la existencia de una Voluntad consciente, sobrenatural é invisible, fuente última de toda vida, y en la posibilidad de comunicarse con ella[244].
Todas las religiones de la tierra, incluso las Americanas, tienen los mismos elementos primordiales. No se conoce en la Historia pueblo alguno sin creencias religiosas más ó menos elevadas, sin ideas morales más ó menos erróneas, sin cultos y ritos, más ó menos conscientes.
Partiremos, pues, de esta firme base para estudiar la religiosidad del indio Americano, y los errores y aberraciones de su desaviada mente, y procuraremos fijar las notas principales y comunes á todas sus religiones, sin exceptuar los Aztecas, Incásicas y Mayas, idénticas en el fondo á las del resto del Continente.
Fig. 158.—El Indio Triste. Escultura Azteca.
Las creencias: El animismo.
9.—El indio Americano consideraba al cuerpo como simple envoltura de otro ser más sutil ó espíritu generalmente invisible, especie de vapor, compuesto de respiración, reflexión ó sombra, esencia de la vida, dotado de facultades misteriosas, y común como perteneciente al alma cósmica, á los animales, las piedras y las plantas[245].
Fig. 159.—Sonajero ceremonial (Linuboltz).