Para el indígena todo el mundo material era inteligente y sensible; los pájaros y los reptiles oían los ruegos de los hombres; el lago tenía alma, como la catarata y el torrente; en los rumorosos silencios del bosque y en las profundidades del barranco, había seres indefinidos y terribles. Todo lo extraño é inusitado era para el indio misterio. Los "manitous" y "ockis" de los Algonquinos, los "cenis" de las Antillas, el "pillan" y el "huecuver" de los Araucanos, los "teotes" de Nicaragua, las "macacheras" y "caaporas" de los indígenas del Brasil, el wakan de los Dakotas, y los "huacas" Incásicos, no eran sino palabras distintas para conceptos similares, expresiones vagas é indefinidas del "sensus numinis". Virgiliano, del poder inescrutable y deífico que el salvaje creía presente en todos los seres, movimientos y formas[246].

La naturaleza entera le enseñaba la existencia de este desconocido divino. El salvaje lo veía en todas partes, al observar los grandes fenómenos físicos, en la sucesión de la luz y las tinieblas[247], al contemplar el Océano, y todo lo extraordinariamente vasto, al admirar el huracán, la tempestad y todo lo extraordinariamente fuerte[248]. Pero además de estas grandes impresiones que avivaban la pálida y sub-consciente vislumbre de lo sobrenatural, escondida en las profundidades de su espíritu, tenía el indio otros estímulos, también universales y poderosos, que por su decisiva influencia en las religiones Americanas estudiaremos especialmente. Me refiero á los sueños y estados análogos, y á las ideas sobre la vida y la muerte.

Fig. 160.—Las Cataratas del Niágara.

Los sueños.

10.—Para los Americanos, en general, los sueños (naturales ó provocados) eran realidades, y tenían carácter profético, oracular é inexorable. El indio creía ver y oir en sus sueños como oía y veía en sus vigilias. Los sueños eran medios infalibles para ponerse en comunicación directa con los Dioses, y las imágenes entrevistas por el dormido ó alucinado[249], se consideraban como atisbos del mundo supra-sensible é ignoto, donde moraban los tipos genéricos de todas las cosas y estaban prefigurados todos los acontecimientos.

Fig. 161.—Invocando á las estrellas.

Esta antiquísima y perniciosa creencia en la realidad de los sueños, originó innumerables desvaríos; hizo que la vida del salvaje asumiese un carácter irreal y como ensoñado, y fué en las agrupaciones indígenas manantial inagotable de abominaciones y trastornos[250].