Los Dioses Supremos.

Fig. 165.--Propiciando al espíritu del río.

12.—Siempre que el hombre piensa claro y siente hondo, ha dicho un sabio etnólogo[252], concibe á Dios como unidad consciente. Así como en las páginas de los poetas paganos encontramos á veces un Zeus, distinto del Júpiter Olímpico, que existe lejos, solo, é indiferente á las luchas y pasiones de los demás Dioses[253], así entre las tribus Americanas relativamente cultas descubrimos la creencia en un Dios inmaterial, desconocido y supremo que no exige oraciones ni sacrificios, y que no se preocupa de los afanes terrenales[254].

Prescindiendo, sin embargo, de la concepción Iroquesa del "Gran Espíritu" indudablemente influida por los Misioneros Europeos[255], sólo encontramos en América dos pueblos (Quechuas y Nahuas) en los que el culto de este "Ser Supremo" é inmaterial, estuviera claramente instituido.

Fig. 166.—Cementerio esquimal.

El Inca Yupanqui concibió la existencia de un "Hacedor Supremo", superior al Sol[256]. Llamóle simbólicamente Illa tici Viracocha Pachacamac (vaso de la tempestad, espuma del mar, animando al mundo), y construyó en un valle cercano al Callao un templo dedicado á su culto. Atribulado Nezanuait, Señor de Tezcuco, dedicó también otro templo al "Dios desconocido".

Claro es que en ninguno de estos dos casos se pretendió sustituir en absoluto el culto de este "Ser Supremo" al de las demás divinidades indígenas. Ni el Inca Yupanqui, dejó de llamarse "hermano del Sol" ni el Jefe Tezcucano, dejó de sacrificar cautivos en los altares del dios de la guerra. Ya dijimos que el monoteísmo propiamente dicho no existió jamás en América. El "Dios ignoto" Tezcucano, y el Viracocha Incásico no son sino expresiones de la tendencia intuitiva del sentir religioso, hacia la unidad divina, que en la entenebrecidamente salvaje, no se oponían al pensar idolátrico[257].