Eran "gente muy limpia y muy polida, y naturalmente bien acondicionada". Tenían á las mujeres en gran estima. Cuando Hernando de Soto les visitó por primera vez, "la caçica, Señora de aquella tierra... moça y de buen gesto", le recibió con grandes agasajos. (Abril, 1540)[330].

Fig. 212.—Indio Cherokee.

Los Timaquanos, que ocupaban los valles del Río San Juan (Florida) y la costa del Océano Atlántico hasta el Río Santa María, se extinguieron hace más de un siglo. Conocemos su lengua por las obras de los Misioneros. Los célebres Natchez, cuyo recuerdo preservaron los colonizadores franceses de Luisiana, vivían cerca de la actual ciudad de su nombre, en las márgenes del Missisipí. Se consideraban como representantes del sol, á quien adoraban preferentemente, sacrificándole cautivos y conservando en su honor el fuego perpetuo. Construyeron "mounds" artificiales, sobre los que edificaron casas y templos; fueron habilísimos en tejer fibras vejetales y en la fabricación de alfarerías y adornos. Sus caciques, considerados "hijos del Sol", eran reverenciados como tales. Su oficio fué hereditario y su gobierno absoluto y despótico[331].

Dakotas ó Sioux.

8.—En la historia de los Estados Unidos las bandas ó grupos de la familia de los Dakotas ó Sioux son tan interesantes acaso como las tribus Algonquinas ó Iroquesas. Fuertes, activísimos, libres é indómitos, se les considera también por los etnólogos como ejemplares arrogantes y típicos de la raza india.

Fig. 213.—Apache.

Vivían los Sioux en la región de las grandes llanuras, al Oeste del Missisipí, desde el Río Saskatchewan, en el Norte, al Arkansas, en el Sur, llegando á veces hasta Virginia y el golfo de Méjico.

Estaban divididos en siete grupos principales ("los Siete fuegos del Consejo"), subdivididos á su vez en numerosas bandas y sub-bandas locales. Prevalecía el patriarcado y la poligamia. Los jefes eran electivos y su autoridad estaba limitada por los Consejos de las bandas ó sub-bandas. Los ancianos en sagacidad y experiencia eran muy respetados en tiempos de paz, cediendo, sin embargo, toda su autoridad á los jefes militares en tiempo de guerra.