El factor principal que modeló la vida, creencias, artes, industrias y gobierno de estas tribus ó bandas Sioux fué la caza del bisonte, descrito por primera vez en 1530 por los conquistadores españoles y sus cronistas[332]. De aquí la ausencia de agricultura y la vida nómada de los ágiles y errabundos Siouanos, que perduró siglos después del descubrimiento, aumentando con la llegada del caballo, que facilitó grandemente sus expediciones de caza y guerra.

Antes de conocer el caballo, usaban los Sioux el perro para su alimento, arrastres y hasta para sus ceremonias y rituales sacrificios. Los Sioux fabricaban armas y útiles de piedra, madera, cuerno y hueso, rudas alfarerías y utensilios domésticos de madera y pieles de bisonte. Su habitación característica era el movible «tipi», ya descrito en anteriores capítulos.

Fig. 214.—Indio Creek.

Las tribus Mandanes, pertenecientes á esta familia, fueron los constructores de las casas comunales circulares (circular-houses), también descritas, que rodeaban de empalizadas, prácticamente infranqueables para los guerreros indígenas.

Fig. 215.—Preparando el Blaek-Dimk.

Las pictografías de los Sioux, en pieles de bisonte, sus pipas simbólicas («calumet»), de arcilla roja y tubo largo y adornado de plumas, y sus preciosas y abigarradas aljabas han servido para esclarecer muchos problemas relativos á la evolución del arte Americano.

Las concepciones religiosas de estas bandas ó tribus fueron, en general, animistas y basadas en la creencia en el «Wakanda» ó misterio primitivo y omnipresente, diferenciado en innumerables seres, espíritus y formas. Predominaban los cultos de carácter mágico, tenebroso y violento. En las célebres fiestas anuales de invocación al sol (sun-dance), peculiares de estas bandas indígenas, todos los individuos del grupo, presididos por sus hechiceros é iniciados en las sociedades secretas de la «gran medicina» se reunían en la cabaña ceremonial y danzaban días enteros, pintarrajeados, desnudos, y al son de destemplados atambores y silbatos de hueso, alrededor de los postes sagrados, de donde pendían misteriosos amuletos. Los últimos días de estas ceremonias se dedicaban generalmente á las más cruentas torturas penitenciales ó propiciatorias. Algunos devotos se traspasaban las capas musculares del pecho y los hombros con palos de madera, y se hacían colgar con ellos de las vigas de la cabaña hasta que, desgarradas brutalmente sus carnes, caían desangrándose en tierra.