Fig. 224.—Mujer Seri (Isla Tiburón) con su pintura característica.
Eran excesivamente religiosos. Los sacerdotes y hechiceros, agrupados casi siempre en sociedades secretas, tenían á su cargo todas las ceremonias y ritos. Los cultos religiosos ó mágicos eran largos y complicados. Entre los Hopis, por ejemplo, se dedicaban mensualmente 10 y hasta 15 días á las prácticas religiosas, dirigidas por una ó por otra de las sociedades rituales. La parte secreta de estas ceremonias se celebraba en las estufas ó kivas, construyendo en ellas altares, semejantes á los Navajos, de arenas multicolores, y la parte pública de las mismas terminaba casi siempre con un regocijo espectacular y ruidoso, en el que los juglares (koshare ó delight-makers) exhibían sus habilidades dramáticas y lanzaban como dardos sus chanzas intencionadas y malévolas. En algunas ceremonias, y para hacer más eficaces las oraciones á los antepasados de los clanes ó linajes (katcinas), se personificaban sus espíritus con trajes y máscaras simbólicas. El principal objeto de todos estos ritos religiosos era el atraer la lluvia para obtener buenas cosechas. Dada la aridez de las regiones en que estas tribus vivían[338], la lluvia para ellas era cuestión de vida ó muerte.
Fig. 225.—Black Hawk. Jefe de la tribu Sauk.
En general, las tribus de los Pueblos eran pacíficas, ordenadas y relativamente morales y cultas. Castigaban severísimamente las brujerías y vicios nefandos y estaban exentos del canibalismo y los sacrificios humanos, que tan negra mancha arrojan sobre las culturas Aztecas y Chibchas[339].