Fig. 242.—Pictografías en Sta. Rita (Honduras).

La esclavitud.

9.—Aunque el carácter igualitario de las sociedades Americanas excluye la idea de clases ó castas[366], la esclavitud existía entre los Mejicanos en forma limitada y rudimentaria. Eran tenidos por esclavos los expulsados de los «calpullis» por su mala conducta, y en especial los que dejaban dos años sin cultivo la parcela de tierra que les había sido asignada. El que así delinquía contra su «calpulli» era considerado como indigno de pertenecer á él, y si no quería morirse de hambre debía perder su libertad y trabajar en una parcela ajena por la miserable pitanza que su legal poseedor se dignara concederle. Tenía éste sobre su esclavo una especie de posesión exclusiva (adversus omnes), un indiscutible derecho á usufructuar su trabajo y aprovecharlo para cultivar su tierra. Si el esclavo persistía en su indolencia, era castigado con penas infamantes; si recalcitraba, era entregado á los sacerdotes para los sacrificios. Así se fué formando entre los Aztecas una casta especial y despreciada de parias, que inicia la esclavitud y robustece la idea de la propiedad individual en las primitivas agrupaciones indígenas[367].

Fig. 243.—El "Tlacatecuhli" ó Jefe de hombres.

La familia.

10.—La familia Azteca se basaba generalmente en el patriarcado. Los «calpullis» observaban la ley de exogamia. La mujer se consideraba como propiedad individual y exclusiva del marido, siendo los lazos matrimoniales más fuertes que en las demás tribus del Norte de América. El «calpulli» arreglaba privativamente los enlaces[368] y castigaba severamente á los adúlteros, que eran expulsados del «calpulli», perdían su protección y se convertían en parias. Las leyes sociales del «calpulli» prescribían terminantemente el matrimonio de todos sus miembros. Los que se negaban (salvo votos religiosos) á contraerlo, tenían la misma pena que los adúlteros[369]. Claro es que no teniendo estas prohibiciones de interés social base moral propiamente dicha, no consiguieron evitar el concubinato, que era lícito, y sólo limitado por la situación económica del individuo, ni modificar en las tribus Aztecas los bestiales excesos y nefandos vicios que los carcomieron y aniquilaron con su gangrena abyecta[370].

Fig. 244.—Piedra del Sol (Museo de Méjico).

Mercados.