Fig. 273.—Cetro de mando (Ambrosetti).

Habitaban los Matacos en populosas rancherías extendidas por las riberas del Vermejo. Eran menos fuertes y altos que la generalidad de los indios del Gran Chaco. Al decir de sus Misioneros, fueron naciones viles, indómitas, salvajes y refractarias á toda cristianización. Viven hasta hoy, aunque muy reducidos en su número, en sus primitivos boscajes, prefiriendo la vida del gitano nómada á la sedentaria del agricultor.

La antiguamente poderosa nación de los Lules habitaba principalmente en las márgenes del Salado y el Tabiriri. Evangelizados primero por el célebre P. Bárcena, huyeron á sus bosques, y sólo reaparecen años después en la historia de las Misiones del Chaco (Colegio de Córdoba de Tucuman), sin que pueda afirmarse con certeza que los Lules ó Tonicotes, estudiados por los Jesuítas del siglo xviii (P. Machoni), sean los mismos que el P. Bárcena evangelizó.

A la nación Charrua, sangrientamente célebre en la historia del Río de la Plata, pertenecían los formidables Yaros, Chanes, Bohanes, etc. Sus tribus eran también muy numerosas. Usaban las bolas arrojadizas y la flecha, con precisión terrible; desconocían en general la fabricación de alfarerías, y vivían en ranchos misérrimos. Eran grandes cazadores, vagabundos incorregibles, sanguinarios y arrestados en la guerra, astutos, inconstantes, vanidosos en extremo é inclinados al juego y la embriaguez. Solos ó aliados con otras tribus resistieron con indomable furia los avances del conquistador.

Fig. 274.—Alfarerías (Alto Amazonas).

A la extendida familia lingüística de los Guaycurus pertenecían, entre otras tribus, las de los Abipones, genialmente estudiados por uno de los misioneros (Dobrizhoffer); los feroces Tobas, que todavía pueblan parte del Gran Chaco, refugiados en sus espesuras; los Vilelas, del Río Salado (25° á 26° latitud Sur), y los célebres Querandies[417], de corta y luctuosa historia.

Con excepción de los Payaguás (Río Paraguay), tribus esencialmente nadadoras, marineras y de curiosa Mitología y costumbres, todos los indígenas del Chaco fueron ginetes admirables. La rápida propagación del caballo en América favoreció sus errantes y guerreras costumbres. Verdaderos Centauros de la selva, sus corceles y sus lanzas de guerra fueron por mucho tiempo para el Europeo motivo de constante inquietud y terror.

Por lo demás, los indios del Gran Chaco no pasaron, en general, de los grados superiores de salvajismo. Encontramos en algunos de sus grupos indicios de totemismo y exogamia. Obedecían á sus caciques, eran fetichistas, veneraban á sus manes y temían á sus magos y hechiceros[418].

Pampeanos y Araucanos.