Fig. 316.—Adorno auricular encontrado en Chaucay.

Se establecieron también en las fronteras colonias militares para propagar en las tribus vencidas el culto y los usos Incásicos, dando al tiempo mismo ocupación al sobrante de la población agrícola de los «ayllus» recargados. Los soldados de cada «ayllu» se distinguían en estas colonias ó guarniciones por sus armas y adornos. Las de los Incas y Chancas eran la maza de cobre (champi), la lanza de punta de bronce (chuqui) y una especie de palo con cabeza de bronce ó piedra en forma de estrella de seis puntas (macana). Los Collas y Quechuas usaban las bolas; los Antis, arcos y flechas y, en general, las armas defensivas eran el escudo (hualcanca), el casco (umachucu) y á veces las corazas metálicas. La disciplina estricta de la vida civil Incásica lo era aún más estrecha en lo militar. De aquí que los guerreros del Cuzco fueran irresistibles para las tribus no disciplinadas, que los Incas dominaron fácilmente[474].

Artes mecánicas.

22.—El oro se extraía en grandes cantidades de las arenas de los ríos de la Provincia llamada de Caravaya; la plata de las minas se separaba de la escoria en hornos (huayra) de considerable tamaño. El cobre abundaba en Collas y Charcas, y el zinc para aleaciones en las orillas orientales del Titicaca. Todos estos metales se trabajaban hábilmente, en especial el oro y el cobre. Los tejidos Incásicos eran variados y finísimos; sabían bordarlos con lentejuelas de oro y plata y teñirlos con matices brillantes. Las alfarerías, de múltiples colores y formas, fueron, sin embargo, las más acabadas muestras del adelanto material, creencias y costumbres de las tribus de la Región Peruana. Las colecciones de los Museos de Berlín, Madrid, etc., son abundantísimas. Muchos vasos antropomorfos y zoomorfos se usaban como conopas ó fetiches. Otros se destinaban á usos domésticos ó funerarios. Abundaba en muchos de ellos lo abigarrado y lo grotesco, y, lo que es más raro y acaso excepcional, en la América Indígena había algunos representativos de lo obsceno y degradante[475].

Consideraciones generales.

23.—Y con esto terminamos nuestro brevísimo bosquejo de la Civilización Incásica. A pesar de su solidez aparente, tuvo mucho de artificial y caediza. Como todos los comunismos agrarios indígenas, llevaba en sí misma los gérmenes de su destrucción y fenecimiento. Los Incas no la crearon; se limitaron á sistematizarla, á reunir los «ayllus» primitivos bajo su despótico cetro, á centralizar sus gobiernos tribales en el gobierno del «ayllu» imperante. No fué, pues, el Perú de los Incas arquetipo de socialismos patriarcales, como sostienen sus entusiastas, sino una vasta y simétrica aglomeración de comunismos tribales idénticos á los Iroqueses, Aztecas, etc. Es, pues, inútil extenderse en consideraciones filosóficas sobre los defectos ó ventajas de su gobierno. Sólo es concebible entre los primitivos. No es posible suprimir de raiz en el hombre civilizado y libre, las ideas de iniciativa individual y propiedad privada, convirtiéndole por el ministerio de la ley en una especie de máquina. El desarrollo de la agricultura y las facilidades de la vida humanizaron un tanto las costumbres del Indio Peruano y los cultos astrolátricos suavizaron los sacrificios; pero, por lo demás, las mismas inquietudes, las mismas rencillas, las mismas abominaciones que gangrenaron los calpullis Aztecas ulceraron los «ayllus» Incásicos.

Las verdaderas bases del Imperio de los «hijos del Sol» fueron la superstición y la barbarie. Sólo así se explica que la llegada de los Europeos determinara su ruina, y que bastase un puñado de Españoles para sacudirlo y aniquilarlo[476].