Importancia de estos viajes.
5.—Estos viajes de los Normandos nada añadieron al caudal de conocimientos geográficos de la Edad Media. Fuese por la distancia, ó por lo precario de sus resultados comerciales, hasta en Islandia misma se miraron sin interés. No puede, pues, afirmarse en absoluto, que los normandos del siglo x descubrieran América. En el Hemisferio Oriental, las expediciones Islandesas no dejaron más recuerdo que el relacionado de las sagas, y en el Occidental no tuvieron más alcance que el de pelear con algunos grupos indígenas (acaso Algonquinos) y cortar unos cuantos árboles. Es altamente probable que Leif Ericsson y sus Vikingos llegaran con sus naves á costas que hoy sabemos ser las de América, pero es absurdo atribuir á tales aventuras aisladas mayor importancia histórica que la que tienen en realidad. Con y sin los mencionados viajes de los Normandos, siguió Europa ignorando la existencia de América, hasta que descubrió Colón sus primeras costas.
Fig. 322.—Astrolabio de Regio Montanus (1468).
Fig. 323.—Mapa Catalán del 1375.
El Este y el Oeste.
6.—El lujo de la Europa Medioeval se alimentaba principalmente con los productos del Asia menor, India, China, Arabia y Persia. Los diamantes de Golconda, los rubíes del Oxus y Ceylan, los zafiros y amatistas de Cambay y las perlas de la India, eran codiciadísimos en los alcázares y cortes Europeas. Las especias, las drogas, perfumes, tintes y maderas de olor, de Siam y China; el cristal de Samarcanda y Kadesia, los tejidos de Damasco, etc., etc., eran objeto de provechosísimo tráfico. Las ciudades del Oriente (Calicut, Pulicat, etc.) eran en la Edad Media los mayores mercados de objetos suntuarios. Europa entera dependía de ellas para satisfacer sus fastuosos hábitos y en cambio de tales productos, Europa proporcionaba al Oriente sus lanas y sus metales. La balanza de comercio se inclinaba sin embargo al Oriente, y las exportaciones y ventas de la India, Persia y Arabia, dominaron siempre á las importaciones Occidentales.
Desde tiempos antiguos, el Este y el Oeste estuvieron comercialmente vinculados. En los tiempos bíblicos de José, los mercaderes Ismaelitas llevaban ya bálsamos y myrra de Gilead al Egipto. Salomón dominó las rutas de Tadmor al Mar Rojo. El Berenice de Ptolomeo Philadelfo, era importante puerto de mercantiles traspasos. Los caminos Romanos siguieron en Siria y Asia Menor antiguas vías comerciales, y las rutas medioevales aprovecharon á su vez los caminos Romanos. El Continente Europeo anheló siempre las riquezas del Asiático[480].