Su matrimonio con Fernando de Aragón, sagaz y prudente político, realizó lo que durante siglos había sido el constante ideal de monarcas aragoneses y castellanos: la reunión en un solo Estado de los tronos de Aragón y Castilla.
Unidas así ambas coronas pudieron los monarcas realizar sus levantados proyectos, terminar la guerra de la Reconquista, consolidar la monarquía absoluta, y establecer, con base firme, la unidad religiosa y nacional de sus dominios[490].
Pacificación del Reino.
2.—Era necesaria toda la energía y prestigio de los nuevos soberanos para restablecer en Castilla los principios de autoridad y orden destruídos en tiempo de Enrique IV.
La monarquía castellana se resentía de su origen feudal, y su autoridad fluctuante fué muchas veces juguete de la ambiciosa osadía de los magnates que con sus guerras intestinas asolaban el reino.
Fig. 341.—Autógrafo de la Reina Isabel la Católica.
El pueblo no era súbdito del Rey, sino de los potentados. Era imposible transitar por los caminos públicos sin verse expuesto á todo género de ataques, las ciudades obedecían al más fuerte, y las vidas y haciendas de los ciudadanos estaban á merced de los antojos de turbulentos señores ó de los avances de mesnadas famélicas.
Comprendió Isabel la necesidad de hacer justicia severísima para cortar de raiz tan graves males. En 1477 abrió en Sevilla audiencia pública para oir á los perjudicados por las luchas y banderías encabezadas por el Duque de Medina Sidonia y su rival el Marqués de Cádiz. Pocos había en Sevilla, dice un cronista de la época, libres de culpa. Todos fueron castigados severamente. Otro tanto sucedió en Castilla y en Galicia. El Duque de Alba se vió obligado á restituir la villa de Miranda que tenía detentada, y su alcalde de Salvatierra fué ahorcado por insultos á la justicia de Isabel. Los agentes reales Acuña y Chinchilla hicieron derribar en Galicia hasta cuarenta y seis castillos, restituyeron bienes y beneficios usurpados por los nobles y condenaron á muerte, sin aceptar compensaciones monetarias, á los que se habían hecho reos de crímenes, violencias ó abusos de autoridad.