Fig. 351.—Moneda de los Reyes Católicos.

La conquista de Granada sometió á sus habitantes á los Reyes Católicos. Eran los moros granadinos hábiles, trabajadores é industriosos, y su agricultura, ciencia, artes é industrias estaban adelantadísimas. Los vencedores de Granada garantizaron las vidas, haciendas y religión de los vencidos, pero los entusiasmos religiosos y antipatías raciales de la época, exigieron bien pronto el destierro de los mahometanos, ó su bautismo. Talavera trató primero con ardiente celo de convertirlos individualmente; pero la suavidad y lentitud de tales procedimientos impacientaron á los intolerantes que urgieron á los Reyes para que tomaran una medida radical. Prevaleció esta última política, y por el edicto de 1502 se expulsó á los Mudéjares de los dominios castellanos. Muchos emigraron al Africa, otros quedaron en España, renunciaron al Koran, aceptando el bautismo y se sometieron á la autoridad de la Inquisición[501]. Los así bautizados se conocieron con el nombre de Moriscos.

Fig. 352.—Capacete del siglo xv. (Armería Real).

Conclusiones generales.

13.—No corresponde á nuestro estudio el discutir con amplitud las causas y consecuencias para España de la expulsión de judíos y moriscos, ni mucho menos investigar la obra de la Inquisición Española, apasionadamente defendida ó atacada por sus partidarios ó sus enemigos.

Debemos juzgar estos hechos con serenidad de espíritu, y no olvidarnos que los grandes principios de libertad é igualdad, escritos hoy en nuestros Códigos Fundamentales, eran en absoluto ajenos á la mentalidad del siglo xv. Si el éxodo judáico fué doloroso y cruel; si la emigración de los mudéjares privó á España de utilísimos súbditos, empobreciéndola y aniquilando su industria; si la Inquisición, al convertirse en instrumento político, cometió abusos é incurrió en crueldades, culpa no fué, sin duda, de Isabel la Católica, cuya buena fé no han puesto en duda ni los más encarnizados adversarios de su política, y que no tuvo otros motivos para obrar como obró, que su afán ardiente de mantener en sus dominios la pureza de la fé cristiana y de evitar los irremediables conflictos que en épocas de incultura y fanatismo religioso ocasionan fatalmente las diferencias de religión y raza.

Fig 353.—España en el siglo xv.