11.—Pero la autoridad de la Inquisición se extendía solamente á los bautizados, y por tanto los judíos que seguían siéndolo no estaban sujetos á su jurisdicción. Los mencionados judíos, que odiaban como apóstatas á los conversos (meschunadim), veían con placer sus sufrimientos, juzgándose libres de la persecución del Santo Oficio, mientras permanecieran fieles á la ley Mosáica. Los Inquisidores, por otra parte, no podían sufrir con paciencia que los numerosos judíos del reino practicaran á la luz del día sus cultos protegidos por las leyes y exentos, (salvo casos de proselitismo, hechicería; etc.), de su autoridad. Abogaron, pues, por la conversión forzosa de los referidos judíos ó por su expulsión del territorio.
Los Reyes Católicos dudaron mucho antes de resolver, pero excitada su indignación con el célebre proceso al judío Mosé Franco y sus compañeros por el asesinato verdadero ó forjado del Niño de la Guardia[498], antepusieron en su ánimo el interés espiritual de sus súbditos al material, y, siguiendo el ejemplo de otras naciones[499], dictaron (1492) un célebre edicto expulsando de los dominios españoles á todos los judíos que no quisieron bautizarse. El año mismo que vió la toma de Granada y el descubrimiento de América presenció el destierro de cien mil judíos españoles, y el bautismo forzoso de cincuenta mil más, que prefirieron permanecer en sus hogares. Así se inició en España la política de intransigencia que tan funestos resultados había de dar más tarde, y así resolvieron los Reyes Católicos la cuestión judía, y cimentaron en sus dominios la unidad religiosa y social[500].
Fig. 349.—Llevando al suplicio á un condenado (Estampa de la época).
Mudéjares y moriscos.
12.—Faltaba solucionar el problema de los musulmanes, más numerosos, útiles y vinculados á la sociedad española del siglo xv que los judíos mismos.
En la Edad Media la población de las ciudades musulmanas que se rendía á los cristianos, era protegida por las leyes. Salvo los prisioneros de guerra que se tenían por esclavos, los demás habitantes de dichas ciudades conquistadas llamadas Mudéjares conservaban sus propiedades y su fé. Prácticamente, casi toda la población rural del reino de Valencia, Sur de Castilla, etc., era Mudéjar.
Fig. 350.—Moneda de los Reyes Católicos.