5.—Entre tanto, el Rey don Manuel de Portugal, celoso de los éxitos y actividades de los descubridores españoles, se propuso rivalizar con ellos continuando la exploración de la ruta Oriental, hacia las Indias, abandonada desde la hazaña de Bartolomé Díaz en el Cabo de Buena Esperanza (1486). En el verano de 1497, un joven de singular audacia y voluntad de hierro, llamado Vasco de Gama, se hizo á la vela con cuatro buques desde el puerto de Lisboa. Después de detenerse en las islas de Cabo Verde, se lanzó hacia el Sur por el Atlántico, hasta llegar al paralelo 30° desde donde derivó hacia la costa Africana, deteniéndose en la Bahía de Santa Elena, después de noventa y tres días de no ver sino cielo y agua, y hacer, por tanto, la navegación, sin escalas, más larga de su época. Dobló después el Cabo de Buena Esperanza y cruzó el Océano Indico hasta Calicut, en la costa Malabar del Indostán. Llevó á Lisboa las primeras noticias del estupendo viaje de Vasco de Gama su asociado Coelho (Julio 10-1499). Pocas semanas más tarde volvió á Lisboa Vasco de Gama mismo. Seis años antes Colón anunció orgulloso al Rey Juan que, navegando hacia el Oeste "había llegado á las Indias". Al volver Vasco de Gama, y mientras declinaba la estrella de Colón, el Rey D. Manuel tuvo á su vez la satisfacción de comunicar cortésmente á los Reyes Católicos que "un noble de su corte, llamado Vasco de Gama, y su hermano Pablo habían llegado por el Oriente á las verdaderas Indias, y que habían encontrado en ellas grandes ciudades, ríos, edificios y pueblos abundantísimos en especias y piedras preciosas, que los buques portugueses seguirían trayendo á Europa en cantidades inmensas". Si comparamos los hechos relatados en esta comunicación (Julio 1499) con los desgraciados sucesos de la Española y los escasos resultados comerciales de los viajes de Colón, podremos darnos cuenta exacta del efecto que produjo en España y en sus reyes[536].

Fig. 385.—El testamento de Isabel la Católica (Cuadro de Rosales).

Pedro Alvarez de Cabral.

6.—A principios del siguiente año (1500) salía del puerto de Lisboa, con destino á la India, una poderosa flota, compuesta de 12 grandes naves y una carabela, bajo el mando de Pedro Alvarez de Cabral. Después de salir de las Islas de Cabo Verde siguió Cabral la ruta y, probablemente, los consejos de Vasco de Gama, navegando en el Atlántico con dirección Sud-Oeste. Arrastrado, acaso, por la corriente occidental ecuatorial, desvióse de su derrotero, arribando á las costas del Brasil (Abril 21), cerca del actual Porto Seguro (18° lat. Sur). Cabral llamó Santa Cruz á la tierra descubierta, despachó á Portugal uno de sus buques para dar cuenta del suceso y siguió su viaje hacia la India. Cabral no se dió cuenta de la importancia de su descubrimiento, ni creyó haberse desviado gran cosa de su derrotero al Cabo de Buena Esperanza, como lo prueba el hecho de haber anunciado el Rey D. Manuel á los soberanos españoles, después de la vuelta de Cabral á Lisboa, que la tierra por él descubierta era "muy conveniente y necesaria para el viaje á la India"[537].

Fig. 386.—Américo Vespucio (Montanus).

El cuarto viaje de Colón.

7.—Nada nos dice Colón en sus escritos de la impresión que produjeron en su ánimo los viajes de Cabral y de Vasco de Gama. En los meses que siguieron á su tercer viaje dedicó el Almirante gran parte de su tiempo en escribir el célebre «Libro de las Profecías», curiosa recopilación de pasajes bíblicos, que suponía profetizaban el rescate de la Ciudad Santa y el Monte Sión, y el descubrimiento y conversión de las Indias. En Febrero del 1502 todavía dirigió al Papa Alejandro VI una corta relación de sus viajes, identificando á la Española con el Tarshish y el Ophir de la Sagrada Escritura y anunciándole que emprendería, en nombre de la Santa Trinidad, viaje nuevo, el cual será á su gloria... y con el fin de gastar lo que se hobiese en presidio de la Casa Santa á la Santa Iglesia...[538].