Fig. 387.—Mapa de Walseemüller del 1507, que fué el primero en que se dió al Nuevo Mundo el nombre de "América".
Sin embargo, el objeto inmediato de este cuarto y último viaje Colombino fué el encontrar un estrecho en la tierra firme, revelada por los viajes de Ojeda, Pinzón y Bastidas, que le permitiera pasar al Océano Indico. Los monarcas españoles se apresuraron á ayudar á Cristóbal Colón para este viaje, y en Mayo 9 del 1502 salió de Cádiz con cuatro embarcaciones, acompañado por su hermano D. Bartolomé, su hijo menor D. Fernando y dos ó tres intérpretes de lengua arábiga por si, encontrándose el estrecho, eran necesarios en las Indias. El tiempo favoreció al Almirante, que llegó en veintiún días de las Canarias á la Martinica (Junio 15).
Fig. 388.—La Isla de Jamaica y parte de La Española (Isolario de Santa Cruz).
Santo Domingo.
8.—Aunque los Reyes Católicos, deseosos de evitar disturbios, no le habían dado permiso para tocar en la Española sino en su viaje de vuelta, como una de las embarcaciones que llevaba hacía mucha agua, determinó el Almirante cambiarla en la referida isla por alguna de las naves que Ovando, sucesor de Bobadilla, había llevado á la Española cuando fué á tomar posesión de su gobierno (Abril 1502). El Comendador Ovando, obedeciendo las instrucciones de los Reyes, prohibió al anciano Virrey la entrada en sus dominios. Estaba en esta ocasión reunida en el puerto de Santo Domingo una flota de 28 buques, con la que Bobadilla, el rebelde Roldán y muchos de sus compañeros se disponían á volver á España, llevando consigo algunos caciques cautivos (Guarionex, etc.) y buena cantidad de oro nativo en pepitas de considerables tamaños. Parece ser que el Almirante aconsejó á Ovando que detuviese la salida de esta flota, pues preveía una violenta borrasca. Se despreciaron sus pronósticos, y apenas zarparon los referidos buques se desencadenó un terrible huracán que echó á pique á más de 20, sin que pudiera salvarse ni uno solo de sus tripulantes. Bobadilla, Roldán y sus cómplices, que iban en la nave capitana, perecieron también en el naufragio. Colón tuvo la suerte de escapar sin pérdidas sensibles. No es extraño que su hijo D. Fernando, al relatar esta catástrofe, tuviese por cierto "que fué providencia divina, porque si arribaran éstos (Bobadilla, Roldán, etc.) á Castilla, jamás serían castigados como merecían sus delitos..."[539].
El Continente.
9.—Abandonó el Almirante la Española, dirigiéndose al S. O.; pero las calmas que sobrevinieron, impidiéndole vencer la fuerza de las corrientes, le hicieron derivar hasta los llamados Cayos de Morant, y desde allí, empujado en otra dirección, hasta las isletas del Sur de Cuba, visitadas ya en su segundo viaje (Jardines de la Reina). Aprovechando un buen viento volvió á su primer rumbo, descubriendo la Isla de los Pinos (Guanacoa ó Guanacos), donde vieron los expedicionarios una canoa indígena, de 25 remeros, cargada con varios objetos de utilidad y adorno, destinados, sin duda, al tráfico con las tribus Mayas de Yucatán y Honduras, como lo demuestra el hecho de llevar almendras de cacao, que si se les caían "procuraban todos, dice D. Fernando Colón, cogerlas con el mayor ahinco, como si se les hubiera caído un ojo"[540]. Obstinado Colón en sus ideas, creyó entender por los gestos de los indígenas que se encontraba á "nueve jornadas de andadura de una rica provincia (Ciguare), desde donde, á diez jornadas, es el río Gangues"[541]. De haber puesto proa á Occidente, en pocos días de navegación hubiera descubierto el Imperio Mejicano. No lo hizo así, despreciando ó no entendiendo las indicaciones de los indígenas, sino que, prosiguiendo en busca del ansiado estrecho, puso rumbo al Sur para tierra firme. Al segundo día descubrió el hoy Cabo de Honduras, y desde allí, después de ochenta y ocho días de espantable tormenta, "que los navíos tenía yo abiertos, dice el Almirante, e las velas rotas y perdidas anclas y jarcia y cables... la gente muy enferma, todos contritos... y esmortecidos los que teníamos por esforzados...", llegaron á un cabo en que la costa volvía rápidamente, formando un ángulo casi recto, encontrando, al cambiar la dirección, mar más bonancible y vientos favorables, por lo que el Almirante denominó esta punta Cabo de Gracias á Dios. Siguieron desde allí su rumbo por lo que hoy forma la República de Costa Rica, y vieron algunos indios (Chiriquis) con láminas de oro puro colgadas al cuello, que los españoles les trocaron por baratijas insignificantes.
Fig. 389.—Isla de la Trinidad, Boca del Dragón, etc. (Isolario de Santa Cruz).