Fig. 390.—Costa del Brasil (Isolario de Santa Cruz).
Los informes obtenidos en estas costas de la existencia de un rico país, al que, por la manera de pronunciar los indios, dieron en llamar Veragua, decidieron á Colón á reconocerlo. Seguro de que había llegado al Aureo Quersoneso de los antiguos, y que no debía estar lejos el paso á la India, siguió la costa hasta la parte más estrecha del Istmo de Panamá, llegando el 2 de Noviembre á la abrigada bahía de Porto Belo. Después de explorar la llamada provincia de Veragua, luchar con los indígenas y reconocer el caudaloso río de Belén (B.ª Limón) donde pretendió fundar una colonia, desanimado, enfermo de gota, y escaso de provisiones, puso proa al Norte (Mayo 1503) abandonando el Continente. El día 10 fueron á dar otra vez á Jardines de la Reina. Sufrieron allí terribles privaciones y borrascas muy recias. Como las tablazones de las carabelas parecían «un panal de abejas», y era imposible llegar á la Española con tan desvencijados cascos, aprovechó Colón un buen viento y partió para Jamaica. Con grandes trabajos, y achicando el agua que llenaba las embarcaciones, hasta con cubas y calderas, dieron fondo en las cercanías de Puerto Bueno (Dry Harbour).
Jamaica.
10.—Varó el Almirante en aquella playa sus carcomidas embarcaciones, las ató fuertemente, y apuntalándolas por ambos lados para evitar todo movimiento, hizo construir sobre su cubierta, en los castillos de popa y proa, habitaciones para toda la gente[542]. No nos detendremos á relatar las extraordinarias y románticas aventuras de los náufragos en el año que pasaron en Jamaica. Los dramáticos incidentes del maravilloso viaje á la Española de los heroicos Méndez y Fieschi, en una frágil canoa; el anuncio del eclipse total de luna, que tanto aterrorizó á los indígenas; la llegada de Diego de Escobar, comisionado de Ovando, defraudando las anhelantes esperanzas de todos; y el canallesco motín de Francisco Porrás, sofocado con sangre, pertenecen á la biografía de Colón más bien que á la historia de sus descubrimientos. Rescatados por las carabelas enviadas por Ovando á instancias de Méndez, Colón y sus asendereados compañeros, llegaron á Santo Domingo el día 13 de Agosto de 1504.
Últimos años y muerte de Colón.
11.—El día 12 de Septiembre salió el Almirante para España, y después de un viaje largo y difícil desembarcó muy enfermo y achacoso en Sanlúcar de Barrameda (Noviembre 4). Supo al llegar la gravedad de su protectora la reina Isabel, que falleció el 24 del mismo mes en el castillo de la Mota de Medina del Campo. Cuando le fué posible, pasó á la Corte para relatar á D. Fernando su último viaje. Recibióle el Regente con bondadosa indiferencia. Todos estaban ya cansados de las célebres Indias, por las que durante catorce años de descubrimientos tan grandes sacrificios había hecho España, sin obtener las decantadas riquezas del ensoñado Ophir del Almirante, que agoviado por sus pesares y dolencias no pudo ni siquiera ponerse en camino para recibir á D. Felipe y D.ª Juana, hija de los Reyes Católicos. Comisionó, sin embargo, para ello á su hermano Bartolomé, entregándole una carta súplica para los nuevos reyes. Sus fuerzas siguieron decayendo. Hizo su testamento, dió á su hijo saludables consejos y espiró en Valladolid el día 20 de Mayo del año 1506, oscura y cristianamente[543].
Fig. 391.—Vasco de Gama.