Su carácter.

12.—La persona de Colón aparece rodeada de nebulosidades. No se conoce retrato auténtico suyo. El cronista Mártyr de Anglería que estaba en Valladolid en el momento de su muerte, no se ocupa de ella en sus cartas. Aquel «Cristóbal Colón de la Liguria» de cuyo maravilloso descubrimiento daba cuenta al caballero Borroneo (Mayo 14-1493), ¡no le mereció al morir ni la mención más insignificante!... ¡El marino genial, el virrey de las Indias, el que dió á Castilla y á León un Nuevo Mundo, desapareció del escenario de la vida ignorado y en silencio!

Pocos hombres de acción, sin embargo, nos han descubierto con más ingenuidad las interioridades de su espíritu. Sólo conocemos á Vasco de Gama, á Magallanes y demás caudillos de la época, por lo que hicieron; ignoramos lo que pensaron. Colón, en cambio, nos legó su alma en sus escritos, y sabemos por ellos cuáles fueron sus ilusiones, sus esperanzas, sus entusiasmos de cruzado, sus tribulaciones, sus amores y sus desvaríos.

Las crónicas, por otra parte, nos lo presentan como leal y magnánimo, amante de la justicia, fiel á sus soberanos, sobrio, tenaz, temerario é incansable.

Tuvo graves errores. Dominado por místicas exaltaciones y febriles ensueños, fué terco y antojadizo, apasionado y orgulloso. Gravó á los indígenas con trabajos excesivos, y tuvo al gobernar españoles parcialidades y preferencias irritantes. Fuese por su falta de tino político ó por su calidad de extranjero, siempre dió lugar á reclamaciones y disturbios. Pero tales defectos desaparecen ante la magnitud de sus adversidades. Su resignación y sus dolores, grandes como su genio, borraron sus manchas con el poderoso disolvente de las lágrimas.

Como marino práctico, es, sin disputa, el mayor de su siglo; muy observador y compulsador de los fenómenos naturales, vigilantísimo y, con todo, en todo desgraciado, bien por los buques que perdió, bien por lo largo y penoso de sus viajes.

El mundo le es deudor de la empresa más fecunda en resultados grandiosos que han visto los tiempos. Su nombre y sus hechos marcaron el principio de la Historia Moderna. Murió sin saber que había descubierto el Nuevo Mundo. No sospechó la gloria que la posteridad había de darle[544].

Fig. 392.—Un desembarco de Ojeda.

Américo Vespucio.