Fig. 409.—Territorio concedido á Fray Bartolomé de Las Casas.
El prudentísimo Cisneros acogió con caritativo interés las ardorosas instancias de Las Casas, y encomendó á tres reposados varones de la Orden de San Jerónimo el planteamiento en Indias de las reformas anheladas. Volvieron todos á Santo Domingo, pero los comisionados Jerónimos no pudieron ó no supieron sustraerse á la influencia de los conquistadores, y su presencia en la isla fué completamente ineficaz para la protección y defensa de los indios[563].
Los negros africanos en América.
9.—Haremos una brevísima pausa en este relato para refutar enérgicamente la opinión de los que sin espíritu crítico atribuyen al Apóstol de los Indios la introducción en América de los esclavos negros. La referida imputación es errónea y calumniosa. En primer lugar, cinco años antes de que Las Casas tuviera con el rey Don Fernando su primera entrevista, ya había ordenado éste, de acuerdo con la Casa de Contratación (1510-1511), que se enviaran á América cincuenta esclavos africanos, y se favoreciera el tráfico negrero en las costas de Guinea. El gobierno español, y no Las Casas, fué, pues, el primero que trató de libertar al indio esclavizando al africano. En 1517 esta política fué preconizada en La Española por los Jerónimos enviados por Cisneros, por el clero todo, por las autoridades y por Las Casas mismo que, como Enrique el Navegante, no podía tener en el siglo xvi la moderna noción política de los "derechos inalienables", ni podía prever los horrores é influencias á que había de dar lugar en lo futuro el desarrollo de tan inícuo comercio.
Fig. 410.—La Casa de D. Fernando Colón en la antigua Sevilla.
Conforme con tales opiniones, consecuente con los usos de la época, y deseando, además, ajustarse á los constantes y expresos deseos de Isabel la Católica en favor de la libertad de los indios, decidió la Corona española enviar á sus posesiones americanas 4.000 negros, concediendo para ello las necesarias licencias al contratista Gomenot, Gobernador de Bresa, que vendió su contrato ó asiento á unos comerciantes genoveses por 25.000 ducados. El desarrollo de los trapiches azucareros en las Antillas, y la rápida disminución de los indios, favorecieron, naturalmente, la introducción de los esclavos negros. Al asiento de Gomenot siguió el de los alemanes Cigner y Sailler (1528), y á éste el de Gómez Reynel (1595) que, merced á la unión de España y Portugal (1580-1640), consiguió el privilegio exclusivo de importar á las Indias 38.250 esclavos negros durante nueve años. Estos fueron los principios del tráfico negrero de América, cuyo desarrollo y consecuencias estudiaremos en la Época Colonial y es, por tanto, ridículo reprochar á Las Casas el imaginario pecado de pensar como pensaban los hombres de su tiempo, y condenarle sin más trámite por no haberse anticipado á los enciclopedistas franceses del siglo xviii, ó á los Próceres Argentinos del xix, que borraron para siempre la esclavitud de los Códigos Fundamentales de la República[564].
La Colonia de Cumaná.
10.—El fracaso de los comisionados Jerónimos no desalentó en su obra redentora al «Apóstol de los Indios». Volvió á Castilla, donde siguió sus gestiones con tenaz insistencia, siendo solemnemente recibido por Carlos I en la villa de Molins del Rey, y consiguiendo un espacio considerable de tierra Americana para establecerse en él con los españoles que quisieran seguirle, distinguirse de los demás vistiendo hábitos blancos con cruces rojas en los pechos, y consagrarse á propagar en América el Evangelio y la civilización cristiana por medios absolutamente pacíficos.