El territorio concedido para la realización de tan romántico proyecto fué el de Cumaná en la Costa de las Perlas.
Después de tres años de luchas árduas consiguió Las Casas desembarcar en él (1521) con un puñado de entusiastas. Existía ya en aquellas regiones un monasterio de la Orden de Santo Domingo, partidaria siempre de las doctrinas del infatigable propagandista. Desgraciadamente, en la vecina isla de Cubagua pescaba también perlas, al llegar á Cumaná los nuevos cruzados, aquel joven Alonso de Ojeda[565], de quien Las Casas dijo más tarde "que si no hubiera nacido, nada habría perdido el mundo". Ojeda necesitaba esclavos y ocurriósele cogerlos en Tierra Firme declarándolos convictos de canibalismo. Al llegar á Cumaná pidió en el monasterio de Santo Domingo papel para iniciar contra los indios los mencionados procesos de antropofagia. Empezó á instruirlos, pero como el procedimiento le resultó lento y engorroso, cortó por lo sano, penetró algunas leguas al interior matando considerable número de indios y embarcando los que pudo en sus naves. Los indios de Cumaná, que habían visto á los Dominicos entregar á Ojeda el papel que les pidió, al que atribuían virtudes ocultas, tuviéronlos por cómplices de su atropello. Incendiaron el monasterio, degollaron á los Dominicos y destruyeron á sangre y fuego la incipiente colonia. Los españoles que pudieron salvarse de la feroz matanza huyeron á Santo Domingo, donde, afortunadamente para él, se encontraba á la sazón el entusiasta Apóstol.
Fig. 411.—Ponce de León en la Florida (según Herrera).
Grande fué el dolor y el desaliento de Las Casas al saber lo sucedido. Resignóse, sin embargo, humildemente; aceptó, sin quejas, la muerte de sus ilusiones, y ansioso de paz y descanso, profesó en el monasterio de Santo Domingo (1522). Allí permaneció varios años profundizando sus estudios teológicos y escribiendo algunas de sus obras[566]. De ellas, y de los incidentes posteriores de la admirable vida del celoso «Protector de los Indios», hablaremos en el Tomo II.
Fig. 412.—Ponce de León, descubridor de la Florida.
La Conquista de Cuba.
11.—Deseoso D. Diego de Colón de extender sus dominios, entregó á D. Diego de Velázquez tres naves para que se apoderara de la isla de Cuba. D. Diego de Velázquez, antiguo compañero de armas de Bartolomé Colón, y Ovando, era en la colonia muy respetado y popular. Su gentileza y carácter jovial le hacían simpático como caudillo y no tardó, por tanto, en reunir trescientos hombres que gustosos le acompañaran en la empresa. Entre ellos estaban Pánfilo de Narváez, Las Casas y Hernán Cortés, el futuro conquistador de Méjico. Desembarcaron los expedicionarios en Las Palmas, y tomaron posesión de la isla sin resistencia alguna de parte de los naturales (Siboneyes-Arawak?). Un cacique Haitiano (Hatuey), que había llegado á Cuba huyendo de los españoles y se había posesionado de la parte oriental de la isla, trató de rechazar la invasión, pero sus guerreros fueron destrozados por los castellanos, y su jefe condenado á la hoguera. Poco tiempo después Pánfilo de Narváez, comisionado por Velázquez, que para contraer matrimonio hubo de ausentarse de la isla de Cuba, penetró en el Camagüey para dominarlo. A unas 30 leguas de Bayamo (Cueyba) encontró Las Casas la célebre imagen allí dejada por Ojeda é idolatrada por los Siboneyes. En una barranca próxima á Caonao fueron sorprendidos los expedicionarios por 7.000 indios que, no obstante la pusilanimidad é imprudente abandono del caudillo Narváez, contuvieron los soldados españoles degollándolos impiadosamente. Esta matanza, en la que, según la pintoresca expresión de Las Casas, «no quedó ni piante ni mamante», difundió el terror en toda la comarca, y los castellanos la subyugaron bien pronto. Diego Velázquez, que había vuelto á la isla, ordenó en seguida á Narváez que regresara á la costa Norte. Estableció las poblaciones de Baracoa, Trinidad, etc., hizo repartimientos de indios, designó ayuntamientos y quedó como Gobernador. El rey de España nombróle más tarde Adelantado y le confirmó en su gobierno[567].