13.—Cuatro años después de la vuelta de Ponce de León de su primer viaje á la Florida (Febrero, 1517), Francisco Hernández de Córdoba salió de la Habana con tres buques y 110 hombres. El gobernador de Cuba, Diego de Velázquez, les había vendido uno de los buques con la condición de que se lo pagaran en esclavos arrancados de Las Lucayas. Entre los expedicionarios iba el ingénuo y verídico cronista Bernal Díaz del Castillo. Apenas se hicieron á la mar, reputando injusta la pretensión de Velázquez, pues ni Dios ni el rey, como dice el referido cronista, mandaban esclavizar á los hombres libres, decidieron convertir en descubridora la expedición emprendida con fines piratescos.

Después de veintiocho días de navegación llegaron á las costas del Yucatán (Pontanchen). En un encuentro con los indígenas (Mayas) perdió Córdoba la mitad de su gente, decidiendo volver á Cuba. Los serios temporales que le sorprendieron en el viaje de vuelta, hicieron que las embarcaciones derivaran de su rumbo, yendo á parar á una bahía de la península de la Florida (Charlotte Harbour), que el piloto Antón de Alaminos reconoció como por haberla visitado con Ponce de León en su primer viaje. Al desembarcar en la referida bahía, fueron los españoles nuevamente atacados por los indígenas (Timaquanos). Alaminos y Hernández de Córdoba cayeron heridos, pudiendo, con grandes dificultades, ganar los botes para huir de la furia de los indios. Hicieron en seguida rumbo á la Habana, desde donde Hernández de Córdoba envió á Velázquez una relación de su viaje, muriendo diez días después de sus heridas[571].

Juan de Grijalva.

14.—Los informes suministrados por Hernández de Córdoba, determinaron al gobernador de Cuba á preparar otra expedición, cuyo mando entregó á Juan de Grijalva, capitán que se había distinguido en la conquista de la isla.

Grijalva salió de Santiago de Cuba en Mayo de 1518. Descubrió la isla de Cozumel y continuó su viaje por las costas del golfo, sufriendo de parte de los indios menos daños que su desgraciado antecesor Hernández de Córdoba.

Fig. 415.—Juan de Grijalva (según Herrera).

Desembarcó en una isla, que llamó de los sacrificios, por los restos humanos que encontró en sus templos, y siguió hasta la de San Juan de Ulúa, alcanzando á navegar hasta Panuco, y encontrando por todas partes poblaciones numerosas y tierras cultivadas con esmero.

Convencido de que todas estas regiones formaban parte de algún poderoso país, que no era posible invadir y conquistar con tan escasos recursos, volvió á Cuba Hernández con la esperanza de reunir fuerzas suficientes para dominar los territorios descubiertos.

Pero la gloriosa conquista y dominación de Méjico, que tales guerreros habían preparado, estaba reservada, como más adelante veremos, para Hernán Cortés, brillante personalidad histórica de la conquista española en América[572].