CAPÍTULO V
EN DEMANDA DEL ESTRECHO (1508-1522)
1.—Concesión á Ojeda y Nicuesa. 2.—Último viaje de Ojeda. 3.—Expedición desgraciada de Nicuesa. 4.—Enciso y Vasco Núñez de Balboa. 5.—Alianzas de Balboa con los Indios. 6.—El descubrimiento del Mar del Sur. 7.—Pedrarias Dávila. 8.—Expediciones en el Istmo. 9.—Ejecución de Vasco Núñez de Balboa. 10.—Juan Díaz de Solís y el descubrimiento del Río de la Plata. 11.—Hernando de Magallanes. 12.—Su viaje y su muerte. 13.—Sebastián del Cano. 14.—Conclusiones generales.
Concesión á Ojeda y Nicuesa.
1.—En el año 1508, el célebre Alonso de Ojeda y D. Diego de Nicuesa, acudieron al rey Don Fernando solicitando autorización para fundar colonias en Tierra Firme, en los alrededores del golfo de Urabá (Darien) y el río Atrato. Tanto Ojeda como Nicuesa tenían gran privanza en la Corte española, y aunque la exploración de semejantes territorios pertenecía de derecho á los herederos de Colón, el monarca concedió á Ojeda toda la costa Norte de Sud América, desde el cabo de Vela al golfo de Urabá (Darien), con el nombre de Nueva Andalucía, otorgando á Nicuesa el actual Istmo de Panamá y sus costas, desde el golfo de Urabá al Oeste, hasta más allá del cabo Gracias á Dios, en Honduras, con el nombre de Castilla del Oro, que se transfirió más tarde (1513) á la parte Septentrional de Sud América, llamada comúnmente Tierra Firme. El famoso piloto Juan de la Cosa fué nombrado Alguacil Mayor de Urabá y lugarteniente de Ojeda[573].
Último viaje de Ojeda.
2.—Ojeda salió de La Española (Noviembre, 1509) con cuatro embarcaciones y trescientos hombres. Le acompañaba el veterano Juan de la Cosa y el más tarde célebre conquistador del Perú Francisco Pizarro. Desembarcaron los expedicionarios cerca del actual puerto de Cartagena, penetrando en el interior para conseguir esclavos indios. Resistieron encarnizadamente los indígenas á los aventureros españoles, peleando con flechas herboladas[574], que ocasionaron la muerte á más de setenta, incluyendo al piloto Juan de la Cosa. Ojeda abandonó tan inhospitalarios lugares, hizo rumbo al Oeste, y en el límite de su provincia edificó un fuerte que llamó de San Sebastián. Pocos días después fué herido en otro encuentro con los indígenas. Pudo salvarse cauterizando la herida con planchas ardientes, pero su estrella empezó á declinar. De trescientos hombres sólo le quedaban sesenta, los víveres escaseaban y su situación entre tribus hostiles se hacía insostenible. Decidió volver á La Española para conseguir recursos. Después de penalidades sin cuento, murió (1515) agobiado y en la miseria[575].