Fig. 416.—Provincias concedidas á Ojeda y Nicuesa (1508).
Expedición de Nicuesa.
3.—Los recursos de Nicuesa, rico plantador de La Española, sus condiciones personales, su popularidad en la colonia, y la fama de la región que se le había concedido, le permitieron reunir setecientos hombres y una escuadrilla de cinco naves y dos bergantines. Diez días después de la partida de Ojeda (1509), hízose á la vela desde Santo Domingo. Fué igualmente desgraciado en su expedición. Después de naufragar en las cercanías de Veragua, fundó un pequeño establecimiento, cerca del actual pueblo de Aspinwall, que llamó Nombre de Dios. Los rigores del clima, la insalubridad de aquellos lugares, la escasez de víveres y las continuas fatigas fueron aniquilando á los soldados de Nicuesa, que quedaron reducidos á setenta ú ochenta. En el mes de Noviembre de 1510, llegaron á Nombre de Dios dos bergantines capitaneados por Rodrigo de Colmenares y enviados desde Urabá (Darien) para socorrer á los exhaustos colonos. Halló Colmenares á Nicuesa "en mayor desdicha que la de hombre alguno, extremadamente macilento y escuálido, con sesenta compañeros..." que "no les tuvo menos compasión que si los hubiere hallado muertos..." Comunicóle que los hombres de Ojeda habían cruzado el golfo de Urabá, estableciendo en el Darien (Santa María de la Antigua), una colonia relativamente próspera. Como el Darien estaba dentro de los límites de la concesión de Nicuesa, y supo que se había encontrado oro, decidió embarcarse con Colmenares esperando imponer en la nueva colonia su autoridad. Sabedores, sin embargo, los Urabenses que pretendía Nicuesa apoderarse del oro que habían ellos conseguido con gran trabajo, rechazaron al desgraciado gobernador en cuanto llegó, y le obligaron á embarcarse con sólo diez y siete hombres en el mismo bergantín que le había llevado al Darien. El 1.º de Marzo de 1511 hizo Nicuesa, con sus diez y siete soldados, rumbo á La Española. Jamás hubo ya noticia de ellos[576].
Fig. 417.—Viaje de Ojeda.
Fig. 418.—La región de "Tierra Firme", á la que el rey Don Fernando trasladó el nombre de "Castilla del Oro" en 1513, según mapa del 1597.
Enciso y Vasco Núñez de Balboa.
4.—Antes de llegar Ojeda á La Española herido y maltrecho, había salido, con rumbo á San Sebastián, el bachiller Martín Fernández de Enciso, su asociado y amigo. Enciso era valiente, honesto y bien reputado en la colonia, pero no tenía tacto para manejar hombres. Apenas llegó á alta mar vió, con gran sorpresa, salir de un barril de provisiones al audaz hidalgo extremeño Vasco Núñez de Balboa, llamado el esgrimidor que, procesado en Santo Domingo por deudas, había recurrido á tan arriesgado ardid para huir de sus acreedores. No agradó mucho á Enciso la presencia á bordo de tan peligroso huésped, y aun le amenazó con abandonarle en una isla desierta. El atrevido soldado consiguió bien pronto desarmar las iras del bachiller, y juntos siguieron navegando hasta desembarcar en Cartagena. Allí encontraron á Francisco Pizarro acaudillando los hambrientos soldados de Ojeda que, después de haber esperado cincuenta horribles días á su desgraciado jefe, habían decidido abandonar la colonia. Agregáronse á las tripulaciones de Enciso, siguiendo todos viaje hacia el golfo de Urabá. Siguiendo las indicaciones de Vasco Núñez de Balboa, conocedor de aquellas costas por haberlas recorrido con Bastidas, decidieron establecerse en la parte occidental del golfo, donde, según Balboa, no usaban los indios flechas herboladas. Allí fundaron una villa que se llamó Santa María del Darien. Pero las demasías autoritarias y la falta de tino de Enciso sublevaron bien pronto á los colonos. Amotináronse contra él, le negaron obediencia y acordaron ofrecer el mando á Nicuesa, é interinamente á Vasco Núñez. Enciso tuvo que resignarse y abandonar su naciente villa del Darien. Sabemos ya lo acaecido al imprudente Nicuesa cuando llegó á ella. Carecía, como Enciso, de dotes políticas. Balboa las tenía, y fué, por tanto, confirmado en el gobierno. Enciso pasó á España para quejarse al rey de los procederes de Balboa, y á dar cuenta del desgraciado suceso de Diego de Nicuesa[577].